
La entrevista arranca con la naturalidad de quienes ya se conocen de los informes salariales de Hays. Es un lunes de finales de abril, pero el tono es ligero. "Mientras haya un poco de felicidad, no podemos quejarnos", dice Chris Dottie con una sonrisa. El director general regional de la compañía de reclutamiento para el Sur de Europa, que desde enero ha ampliado sus funciones también al Oeste, ha sido nombrado presidente de la Cámara de Comercio Británica en España. Tras unos minutos de ajustes técnicos y saludos, comienza una conversación que transita entre la cultura empresarial, la geopolítica y el mercado laboral.
Su primera etapa al frente de la British Chamber, entre 2016 y 2020, coincidió con dos crisis de enorme calado: el Brexit y la pandemia. Hoy, la principal lección que extrae de ese periodo tiene más que ver con un cambio de mentalidad que con una coyuntura concreta. "Antes veía a las empresas más enfocadas en el retorno directo: qué gano si soy socio. Ahora hay un interés creciente por formar parte de una comunidad que aporta valor", explica. En su opinión, en estos años las compañías han pasado de una lógica transaccional a una visión más colaborativa, donde buscan compartir conocimiento, influir en políticas públicas y generar impacto colectivo.
Ese cambio, sin embargo, convive con una realidad estructural. Y es que la organización tiene capacidad de influencia, pero recursos limitados. "Somos un equipo pequeño, muy profesional, pero siempre tenemos la sensación de querer hacer más".
De cara a este nuevo mandato, uno de los ejes de Dottie será reforzar la integración internacional. La Cámara forma parte de una red global presente en más de 70 países, lo que permite conectar empresas en tiempo real con otros mercados. "A nuestros socios no solo les ofrecemos conexión en España, sino acceso a una red global. Eso es un valor enorme", asegura.
A ello se suma el impacto de la inteligencia artificial, que empieza a transformar también el funcionamiento de estas organizaciones. "Nos permite ofrecer más valor con mayor agilidad".
El momento de la relación España-Reino Unido
Pese a las tensiones iniciales tras el Brexit, la relación bilateral atraviesa, a su juicio, un buen momento. "España es uno de los principales aliados del Reino Unido en Europa. Compartimos intereses, valores y una relación económica muy sólida". No en vano, Reino Unido es el segundo destino de la inversión española y supera los 140.000 empleos generados, según un estudio de la Cámara de Comercio de España en el país.
Sin embargo, detecta un riesgo: la complacencia. La buena relación política entre Sánchez y Starmer, dos dirigentes socialdemócratas en una Europa cada vez más dominada por el conservadurismo, podría generar una falsa sensación de avance si no se traduce en proyectos concretos. "Hay buena relación personal entre los gobiernos, pero falta convertir esa sintonía en iniciativas tangibles".
Uno de los puntos más sensibles sigue siendo la movilidad de personas, especialmente tras la salida del Reino Unido deprogramas como Erasmus. "La movilidad de los jóvenes es fundamental. Nadie se despierta con 45 años pensando que quiere vivir en otro país. Eso se construye antes", señala. En este contexto, Londres y Bruselas han sellado una reintegración para el intercambio de estudiantes, becarios y personal docente que se hará efectiva a partir del 1 de enero de 2027.
En su opinión, la movilidad es uno de los ámbitos donde la relación bilateral debería dar un salto cualitativo. Trabajar o realizar estancias cortas entre ambos países sigue siendo más complejo de lo que debería. "Todavía hay demasiadas barreras administrativas", lamenta.

Más allá de los grandes flujos económicos, el también director no ejecutivo en el consejo de la embajada británica en España y miembro de la Orden del Imperio Británico, identifica un problema menos visible: el impacto del Brexit en las pequeñas y medianas empresas. "Las grandes compañías pueden adaptarse. Las pymes no siempre tienen esa capacidad", explica. Los costes aduaneros, la complejidad regulatoria y los trámites logísticos siguen siendo un freno para una parte importante del tejido empresarial.
En su diagnóstico, este es uno de los grandes desafíos pendientes de la relación bilateral. Por eso, resalta que ambos países deben hacer que el comercio no sea solo una cuestión de grandes actores, sino también de empresas medianas y pequeñas.
El contexto internacional, marcado por conflictos como la guerra en Irán, introduce una nueva dimensión en la relación entre ambos países. Sectores como la defensa, la tecnología o las ciencias de la salud se perfilan como áreas naturales de cooperación. También aquí detecta la oportunidad de integrar al Reino Unido como socio preferente.
El mercado de trabajo en el sur y oeste de Europa
En su análisis sobre la relación bilateral, Dottie hace una comparación especialmente reveladora entre distintos mercados de trabajo europeos. En su experiencia como directivo de Hays, ampliando sus funciones al oeste de Europa desde enero, observa diferencias claras entre el sur, con España como caso destacado, y Francia.
En el caso español, percibe una evolución positiva. "Se ha ganado mucha confianza en el mercado laboral", apunta. A su juicio, nuestro país ha avanzado hacia un modelo más colaborativo en relación con Francia, donde Dottie habla de una sensación más marcada "de conflicto entre derechos y responsabilidades". Esa diferencia refleja dos formas distintas de entender el equilibrio entre protección y competitividad.
Su lectura es que el sur de Europa, y especialmente España, están entrando en una fase de mayor madurez en la que se intenta conciliar de forma más equilibrada la protección del trabajador con el impulso del crecimiento empresarial. Francia, en su opinión, presenta una estructura menos cohesionada en lo social y laboral. "No estamos en el paraíso", matiza, pero sí en un proceso de mayor convergencia y cooperación.
Defensor de la "mochila austríaca", el sistema de capitalización individual en el que la empresa abona periódicamente una parte del despido por anticipado del trabajador, de forma que se lo puede llevar a otro trabajo o disponer de él en el supuesto de ser despedido, defiende la necesidad de avanzar hacia modelos más flexibles. "El problema es cuando las personas se quedan en un puesto por miedo, no por motivación", considera.

España, una forma distinta de entender la vida
En plena transformación tecnológica, su mensaje es que la inteligencia artificial no sustituirá las habilidades humanas esenciales. "La capacidad de comunicar" sigue siendo diferencial, afirma. Padre de dos jóvenes, traslada esa visión también al ámbito personal. Más que orientar hacia carreras concretas, insiste en la importancia de construir relaciones sociales, desarrollar criterio propio y mantener la curiosidad.
Tras casi tres décadas en España, reconoce que su forma de ver el mundo ha cambiado. Destaca, sobre todo, el valor de la comunidad y el equilibrio entre vida personal y profesional. "Aquí se vive más hacia fuera, se cuidan las relaciones, hay una cultura del bienestar que no es tan habitual en el Reino Unido", dice.
Le sorprende aún, en positivo, la importancia de lo colectivo. Desde las instalaciones deportivas municipales hasta la vida social en los pueblos, esa sensación de comunidad, de que no estás solo, "es muy valiosa", recalca.
Al final, su reflexión conecta todos los planos de la conversación: empresa, política y sociedad. El futuro, sostiene, pasa por modelos más colaborativos. "No se trata solo de crecer, sino de hacerlo de forma sostenible". Y en ese equilibrio entre competitividad y bienestar, entre tecnología y relaciones humanas, sitúa el verdadero reto del liderazgo contemporáneo.