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El punto ciego del mercado laboral, la intersección entre género y edad

Mónica Pérez

Directora de Comunicación y Estudios de InfoJobs

Capital Humano, Nº 417, Sección Conciliación y diversidad / Tribuna, Marzo 2026

En España, el debate sobre igualdad y diversidad laboral suele centrarse por separado en género o edad. Pero existe un punto ciego que permanece invisible: las mujeres mayores de 45 años. Con formación superior y una trayectoria profesional sólida, este colectivo sigue enfrentando dobles barreras que limitan su acceso, estabilidad y promoción en el mercado laboral. Comprender esta intersección no solo es una cuestión de justicia, sino un imperativo estratégico para aprovechar talento, garantizar eficiencia económica y construir un mercado laboral verdaderamente inclusivo y sostenible.

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En el debate público sobre el mercado laboral español hemos avanzado –al menos en discurso– en la igualdad de género. También se habla con más frecuencia del edadismo y del freno que supone para la trayectoria profesional de las personas trabajadoras. Sin embargo, hay un punto ciego que sigue sin recibir la atención que merece: qué ocurre cuando ambas variables se cruzan.

En España, si se observan los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al último trimestre de 2025, la tasa de actividad entre las mujeres se sitúa en el 54%, cifra que se mantiene diez puntos porcentuales por debajo de los hombres (64%). Asimismo, dentro de la población activa se encuentran las personas que tienen un trabajo y las que están en situación de desempleo. Si se pone el foco en este segundo grupo se puede observar que la tasa de paro es más acusada entre ellas: el 11,2% de las mujeres en disposición de trabajar se encuentra en situación de desempleo, frente al 8,8% de los hombres.

Y es que, no solo la condición de ser mujer supone un condicionante para acceder, estabilizarse o progresar en el mercado laboral. Existe otro factor que puede agravar aún más esta situación y multiplicar las dificultades: la edad. No hablamos solo de percepciones, sino que los datos lo confirman. La tasa de paro entre las que oscilan entre los 45 y los 49 años se sitúa en el 9,9%, cuatro puntos por encima que la de los hombres (6%). Esta brecha se acentúa todavía más en el siguiente grupo (50-54 años), donde duplica la de los hombres (9,9% vs. 5%).

Cuando hablamos de edadismo en el trabajo, solemos pensar en talento que queda fuera por superar una determinada edad. Cuando añadimos la variable de género, emerge una doble penalización. Entonces, ¿este hecho puede deberse a una menor cualificación en este colectivo? Me enfoco de nuevo en los datos. Históricamente –y según publica trimestralmente el INE–, un mayor nivel de estudios se asocia a un menor nivel de desempleo. Sin embargo, esta realidad choca con el hecho de que las mujeres destacan en el ámbito formativo. Concretamente, la mitad (51%) de las mujeres activas en el mercado laboral en España disponen de educación superior, frente al 40% de los hombres.

El edadismo en las mujeres

Este contraste evidencia que el problema no reside en la falta de formación. Las mujeres no solo han cerrado la brecha educativa, sino que la han superado con creces. No obstante, un mayor capital académico no se traduce en igualdad de oportunidades cuando entran en juego otras variables como la edad. Pues bien, una parte de la explicación está en las trayectorias laborales. Muchas mujeres que hoy superan los 45 años han desarrollado su carrera profesional en un contexto donde la conciliación recaía mayoritariamente sobre ellas. Las interrupciones por maternidad, las reducciones de jornada o las salidas temporales del mercado laboral para asumir responsabilidades de cuidado siguen teniendo un impacto acumulativo. Y el mercado laboral continúa penalizando cualquier "laguna" en el currículum.

Aquí entramos en implicaciones económicas y sociales de gran alcance. En un país donde la población cada vez está más envejecida y con retos evidentes en materia de sostenibilidad del sistema de pensiones, desaprovechar el talento femenino no es solo una cuestión de equidad, sino de eficiencia económica. Por ende, el quid de la cuestión no es tanto si el talento está preparado, sino si nuestras estructuras empresariales y sociales están adaptadas para integrarlo y valorarlo. El objetivo es claro: un mercado laboral más justo y sostenible. Por ello se hace necesario incorporar una mirada interseccional que tenga en cuenta cómo se cruzan las distintas variables de desigualdad. Las mujeres mayores de 45 no representan un colectivo residual. Son, en muchos casos, una parte sustancial de la población activa, con altos niveles formativos y experiencia acumulada. Ignorar su potencial es un lujo que, como economía y como sociedad, no podemos permitirnos.

En el foco sigue estando ese punto ciego. Ahora sabemos que no es una metáfora, sino un hecho. Mientras sigamos analizando por separado el género y la edad, estaremos dejando sin iluminar a mujeres cuyo talento, experiencia y formación no encuentran el reconocimiento que merecen. Apagar el ruido y centrar la mirada en esa intersección es el clic imprescindible para construir un mercado laboral verdaderamente inclusivo, competitivo y sostenible.

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