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Giuseppe Tringali (exconsejero delegado de Mediaset): «La presencia ejecutiva es el sol que llevas en el bolsillo»

Mercedes Galán

Colaboradora en Capital Humano

Capital Humano, Nº 421, Sección Crecimiento profesional / Entrevista, Julio 2026

En una época en la que la IA responde en segundos y los datos parecen gobernarlo todo, la verdadera ventaja competitiva sigue siendo profundamente humana. Hay líderes que inspiran antes de hablar, que generan confianza antes de presentar una sola diapositiva y que convierten una reunión en una conexión genuina. Esa capacidad, que el exconsejero delegado y presidente de Publiespaña-Mediaset, denomina presencia ejecutiva, no es un privilegio reservado a unos pocos ni un rasgo innato de personalidad. Se trata de una disciplina construida sobre el respeto, la empatía, la energía y la coherencia.

Giuseppe Tringali lleva décadas observando cómo se construye la influencia real en los negocios. Su conclusión es tan sencilla como contundente: las personas no recuerdan únicamente lo que dices, sino cómo las haces sentir. En esta conversación con Capital Humano, reflexiona sobre el liderazgo que trasciende los cargos, la escucha como ventaja estratégica, el valor de la etiqueta profesional y la necesidad de "llevar el sol en el bolsillo" para iluminar los proyectos, las relaciones y los equipos. Porque, en un mundo cada vez más automatizado, la diferencia sigue estando en quienes saben estar presentes.

Hay líderes que llenan la sala sin decir una palabra, mientras que otros hablan, pero no pueden conectar con el público. En un entorno profesional dominado por la velocidad, los datos y la inteligencia artificial (IA), hay algo que sigue marcando la diferencia: la calidad de la presencia humana. La presencia ejecutiva no es solo una cuestión de comunicación o imagen. Es la capacidad de leer al otro, generar confianza en segundos y construir relaciones que perduren más allá de los organigramas.

Giuseppe Tringali no solo habla de presencia, la habita. Quien fuera consejero delegado y presidente de Publiespaña-Mediaset recibe con esa cortesía italiana que no es pose, sino fundamento. En un mundo hiperconectado, pero a menudo vacío de contacto real, Tringali defiende que el liderazgo no emana del cargo, sino de la capacidad de generar una atmósfera donde el otro se sienta, por fin, escuchado.

Charlando con él, uno entiende que su éxito no ha sido solo cuestión de números, sino de una arquitectura humana donde la etiqueta es respeto y la energía es una decisión diaria. Como nos cuenta en esta entrevista, la diferencia auténtica radica en la calidad de la presencia humana, porque el liderazgo es, ante todo, una decisión y un ejercicio de empatía y coherencia.

Mercedes Galán: Giuseppe, has conversado con miles de líderes de contextos y países distintos. En un mundo de prisas, ¿qué es lo primero que notas cuando alguien cruza el umbral de tu despacho?

Giuseppe Tringali: Noto el todo. Desde cómo te saluda hasta si se queda parapetado detrás de su mesa o se acerca para acortar la distancia física. Hay detalles que parecen banales, pero son sustanciales: si una persona se levanta para recibirte o te saluda sentada. Si se queda sentado, está poniendo una barrera. La presencia ejecutiva no es ese «no sé qué» metafísico que algunos creen; es una competencia que se entrena y que empieza por la cortesía de presentarse adecuadamente y conocer el terreno que pisas.

M.G.: Hablamos mucho de la «primera impresión». ¿Cuánto tiempo tenemos realmente para validar nuestra autoridad ante un interlocutor?

G.T.: Dicen que son apenas unos segundos. En ese suspiro, tu forma de caminar, de vestir y de ocupar el espacio ya han contado una historia. Pero cuidado: no es solo forma. La etiqueta no es un hecho formal, es un hecho sustancial de educación y, sobre todo, de respeto hacia el otro y hacia uno mismo. Si vas a casa de alguien, no entras en chándal; en el mundo de los negocios es igual. Es ponerte en los zapatos del otro y preguntarte: «¿Cómo me gustaría que me trataran a mí?».

M.G.: Desde tu punto de vista, ¿qué pequeños gestos de etiqueta profesional marcan realmente la diferencia?

G.T.: Cosas muy sencillas pero fundamentales: levantarte para saludar, esperar a que la otra persona se siente antes de hacerlo tú y mostrar respeto desde el primer momento. Son detalles pequeños, pero son clave porque la primera impresión ya se forma ahí. Y una vez formada, es difícil cambiarla.

M.G.: Muchas veces se piensa que el liderazgo es algo innato. ¿Qué opinas?

G.T.: El liderazgo se trabaja. Muchísimo. No es solo talento natural. Hay que prepararse, observar, aprender y dedicar tiempo. Nada es casual. Detrás de un liderazgo sólido siempre hay mucho trabajo.

EL RADAR HUMANO Y EL «CÓNCAVO Y CONVEXO»

M.G.: En tu método de análisis mencionas a menudo la importancia de la escucha activa. ¿Cómo se lee lo que no se dice en una mesa de negociación?

G.T.: Si no escuchas, te comportas igual con todo el mundo y eso es un error estratégico. Yo siempre recomiendo un libro de Thomas Harris, I'm OK, You're OK. Él explica que todos tenemos tres componentes: el adulto, el niño y el padre. Hay líderes que actúan desde el «padre», diciendo a todos qué hacer desde el ego; otros desde el «niño» inseguro. La clave es escuchar para entender ante qué perfil estás y ajustar tu frecuencia: si el otro es convexo, tú debes ser cóncavo. Tienes que encontrar el encaje para que el diálogo fluya.

M.G.: ¿Es esa la verdadera inteligencia emocional del líder?

G.T.: Exactamente. Es saber que la otra persona es fundamental para conseguir tus objetivos; no somos Robinson Crusoe en una isla. Si solo piensas en ti, no conectas. La mirada, el tono de voz y entender la energía del otro es lo que hace que una relación de negocio se convierta en una relación de confianza sólida que perdura cuando el cargo desaparece.

M.G: ¿Crees que la empatía es algo natural o algo que se puede entrenar?

G.T.: Hay personas a las que les sale de forma más natural, pero sin duda se puede entrenar. El problema es que muchas veces estamos tan centrados en nuestros objetivos que dejamos de ver al otro. Y el otro es fundamental para conseguir cualquier objetivo. No vivimos solos, vivimos con personas.

M.G.: Has dicho algo muy interesante: que la relación debe ir más allá del puesto que ocupa una persona. ¿Por qué es tan importante?

G.T.: Porque la vida da muchas vueltas. Hoy puedes estar en una posición, mañana en otra. Lo que realmente perdura es la persona. Si cuidas la relación independientemente del cargo, eso siempre te devuelve algo positivo. Las relaciones auténticas son las que permanecen en el tiempo.

EL LIDERAZGO SEGÚN LA ESCUELA DE BERLUSCONI

M.G.: Has trabajado mano a mano con figuras que han definido épocas, como Silvio Berlusconi. Más allá de la política, ¿qué aprendiste de él sobre la presencia en el terreno de juego?

G.T.: Aprendí que el liderazgo es trabajo, no solo talento nato. Él dormía cuatro horas y era el primero en remangarse con el equipo. Nos enseñó que no vendíamos espacios publicitarios, sino que ayudábamos a las empresas a vender más para que el país creciera. Eso es tener un propósito. Si no aportas nada al otro, eres como todos los demás. Y para aportar, hay que pensar a lo grande; si no tienes ambición de máxima excelencia, no llegarás ni al mínimo.

M.G.: Él hablaba de un concepto que te ha acompañado siempre: «Llevar el sol en el bolsillo». ¿Qué significa eso en el día a día de un ejecutivo?

G.T.: Es una filosofía de vida. Él decía que cuando entras en una reunión con un directivo que tiene mil problemas, no puedes llegar con tristeza o apatía. Tienes que ser un generador de energía. Llevar el sol en el bolsillo es levantarse cada mañana y preguntarse: «¿Qué bueno me puede pasar hoy?». La energía se contagia, y un líder que no contagia vitalidad no puede inspirar un proyecto.

M.G.: Desde tu experiencia, ¿qué define realmente la presencia ejecutiva?

G.T.: La presencia ejecutiva no es solo carisma natural. Es trabajo. Es preparación, atención al detalle, coherencia entre lo que dices y lo que haces. Hay personas que nacen con esa presencia, pero incluso ellas la trabajan. Nada es gratis, y un liderazgo sólido no es aleatorio, requiere observación y aprendizaje constantes.

M.G.: Hablas mucho del propósito. ¿Por qué es tan importante en el liderazgo?

G.T.: Porque no se trata solo de vender o de hacer negocio. Se trata de aportar. Cuando aportas, te vuelves relevante. Cuando ayudas a otros a crecer, tú también creces. El propósito da sentido a lo que haces y conecta a las personas contigo.

LA IA Y EL VALOR DE LO IRREMPLAZABLE

M.G.: Estamos en plena revolución de la Inteligencia Artificial. ¿Corremos el riesgo de que la tecnología sustituya esa «presencia» de la que hablamos?

G.T.: La tecnología ayuda, pero la diferencia la hace la relación humana. La IA tiene trampas, tiene «alucinaciones». Por eso hoy se necesitan habilidades de mayor nivel: pensamiento crítico y cultura. Si acatas todo lo que te dice una máquina, tu presencia es inútil para la empresa. El líder del futuro es quien sabe qué preguntar y quién mantiene el criterio humano cuando el algoritmo falla.

M.G.: Hay perfiles técnicos brillantes que, sin embargo, no logran ascender porque «no conectan». ¿Es la etiqueta profesional el puente que les falta?

G.T.: Totalmente. Hay gente a la que no puedes mandar a una comida con un cliente porque no sabe sacar un tema de conversación o no sabe comportarse en la mesa. La etiqueta no es algo anticuado; es una herramienta de diferenciación. Es lo que permite que tu talento técnico sea aceptado y valorado en las esferas de decisión.

SER EL CEO DE TU PROPIA VIDA

M.G.: Giuseppe, dices que uno debe ser el protagonista de su propia historia. Si miraras al Giuseppe de hace 15 años, ¿qué le dirías?

G.T.: Le diría que emprendiera antes. He disfrutado mucho en las grandes corporaciones, pero ahora que soy mi propia marca personal, me siento más vivo que nunca. Mi consejo es: sé el protagonista, lucha por superar las dificultades dentro de tu empresa y no esperes a que otros gestionen tu carrera.

M.G.: ¿Qué mensaje te gustaría dejar a quienes nos leen?

G.T.: Que disfruten del camino, que cuiden a las personas que encuentran en él y que nunca olviden que la presencia, la energía y el respeto son claves. Al final, todo vuelve a lo mismo: somos personas trabajando con personas. La presencia ejecutiva no se improvisa. Se construye con atención, empatía, propósito y coherencia. Y, sobre todo, con humanidad.

M.G.: Para terminar, un gesto que para ti defina a un líder con verdadera presencia.

G.T.: El respeto por el tiempo y el espacio del otro. Esperar a que tu invitado se siente antes de hacerlo tú. Parece pequeño, pero ese segundo de espera dice todo sobre quién eres y cómo valoras a quien tienes enfrente. Al final, las empresas son personas trabajando con personas. Todo lo demás es secundario.

Claves respaldadas por datos:

88% de empleados dice que la empatía mutua mejora la eficiencia en el trabajo

30% más satisfacción laboral en equipos cuyo líder practica la escucha activa

25% de aumento en colaboración y productividad con escucha activa

80% de los conflictos laborales tienen su origen en una comunicación deficiente

  • Un metaanálisis de 2024 encontró una relación positiva constante entre inteligencia emocional y efectividad del liderazgo, en más de 100 estudios publicados entre 1998 y 2022.
  • Según el estudio EY Empathy in Business (2023), la empatía en el liderazgo se asocia a mayor creatividad (87%), satisfacción laboral (87%) e innovación (85%).
  • Solo el 47% de las organizaciones practica la empatía de forma efectiva, pese a que el 80% de los líderes reconoce su importancia (FranklinCovey).

Fuentes

EY Empathy in Business Survey 2023

Gitnux Active Listening Report 2023

Hallett Leadership / meta-análisis 2024

FranklinCovey Leadership Research

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