
El contenido compartido por empleados recibe ocho veces más interacción que el que publican directamente sus empresas o marcas, según el informe Employee Advocacy Statistics 2025, que constata que el poder de influencia que pueden llegar a tener los profesionales, tanto dentro como fuera de la empresa, es muy significativo.
El employee generated content (EGC), es decir, el contenido creado por empleados, es una de las «tendencias» más potenciadas en las estrategias empresariales porque destila «autenticidad» y genera «confianza», tal como destaca el CEO y cofundador de Cyberclick David Tomás. «Desde el punto de vista de la captación de talento, a día de hoy vivimos en la generación TikTok, que valora la autenticidad. No es lo mismo que en un vídeo salga el CEO de la compañía que una persona del equipo, que tiene mucho más engagement», subraya.
El fenómeno influencer ha llegado al terreno profesional, en opinión de Tomás, que recuerda que «algunos empleados se vuelven un poco estrellas de la compañía e incluso de su sector, ya que, por ejemplo, los reconocen en una feria por haber salido en algún vídeo, lo cual les aporta un estatus profesional más alto». En el terreno empresarial, «todo el mundo influye, pero la mayoría lo hace inconscientemente, sin saber utilizar su influencia o utilizándola para mal», añade Paco Muro, socio fundador de Otto Walter, consultora especializada en mejorar los comportamientos profesionales, y autor de Ir o no ir (Empresa Activa), El pez que no quiso evolucionar (Empresa Activa) o Por qué hoy los jefes dirigimos a voluntarios (Amazon), entre otros títulos.

La aspiración de todo profesional que desee tener un impacto positivo debería ser convertirse en un «influencer apreciado y valioso» tanto dentro como fuera de su organización, aunque «a veces el tóxico pueda llegar a tener una capacidad de influencia brutal», advierte Muro. Para gestionarlo desde las organizaciones, el experto aboga por «medir la capacidad de influir en positivo o en negativo» puesto que, «más allá de los resultados, hay que ver si esa influencia sirve para que la gente colabore más o menos», teniendo en cuenta que «quien no suma, resta, ya que la influencia neutra no existe».
Los fans y detractores de la empresa
A través de herramientas habituales, como la encuesta de clima laboral, agrega la directora asociada de Eganess & podcaster, Maite Piera, se puede detectar dónde estarían los «fans» y los detractores de la empresa. «Es importante tenerlos identificados y mantener conversaciones con ambos», recomienda. En el caso de los «fans», pedimos a estos empleados que sean nuestra «voz» para amplificar proyectos estratégicos relevantes para que la información sea «más cercana, creíble y genuina».

Una vez detectados esos profesionales con voluntad y capacidad para transmitir los valores y mensajes de la organización, hay empresas que cuentan con estrategias concretas para potenciar esas capacidades. Estas se basan en facilitarles formación e información para que puedan actuar como sus «embajadores», según explica el responsable de la Comunicación Online del Grupo BBVA, Saúl Rodríguez. Con el objetivo de «crear y difundir un sincero sentimiento de pertenencia hacia el BBVA», la entidad financiera puso en marcha el año pasado el proyecto #EmbajadoresBBVA, que cuenta ya con cerca de 6.000 empleados inscritos.
«Definimos la figura del embajador como aquel empleado que, de manera voluntaria cuando está en cualquier foro, siente como algo natural hablar de los proyectos, de los valores, de su día a día, de todo lo interesante, diverso y positivo que tiene la empresa para la que trabaja. Y eso hace que cale entre sus compañeros, sus amigos, familiares o cualquier persona que pueda seguirle en redes sociales. Seguimos trabajando para mejorarlo: estamos desarrollando una nueva plataforma para facilitar que los empleados puedan convertirse en altavoz de BBVA en redes sociales, especialmente en LinkedIn. Esto les permitirá compartir contenido seleccionado y creado especialmente para ellos, que ponga en valor lo que somos y lo que hacemos», concluye Rodríguez.