
Que un secretario general de un sindicato escriba un artículo acerca de una jornada laboral que no se está negociando en ningún convenio colectivo en España ya es un síntoma de la enorme distancia entre la idea y la consecución real de la jornada laboral de cuatro días.
¿PURO MARKETING POLÍTICO?
Como idea, la jornada laboral de cuatro días es un enorme elemento de marketing empresarial, sindical y político. Las pocas empresas que lo ponen en marcha tienen un producto de RRHH único, que los convierte en rara avis dentro del mundo patronal, con un aire innovador y disruptivo. Los sindicatos y políticos hacen dialéctica de algo que entra perfectamente por los oídos de toda la clase trabajadora. El mensaje en efecto es imbatible: «trabajaremos un día menos y ganaremos lo mismo», no solo gusta, sino que además nos incita a pensar directamente que trabajamos mucho y que nos merecemos descansar más.
En definitiva, la idea es muy buena, y por supuesto estoy de acuerdo en que plantillas motivadas trabajan mejor y con más productividad. Lo que debemos averiguar es si esta solución va a conllevar esta mayor felicidad y por tanto productividad, o si por el contrario esa bajada de jornada va a fomentar una huida y desconexión más habitual del trabajo, lo que conllevaría el efecto contrario y un desarraigo similar al que ha ido produciendo en algunos casos el teletrabajo.
CALCULADORA EN MANO: QUÉ SIGNIFICA LA JORNADA DE CUATRO DÍAS
En España no se trabajan (por regla general) 40 horas semanales. Gracias a la negociación colectiva y al trabajo sindical hemos ido reduciendo esa jornada de forma progresiva de tal forma que la jornada no es de 1.810 horas, sino de una horquilla entre 1.750 horas y 1.770 horas anuales. Por lo tanto, la cuenta sencilla que se está haciendo es inexacta en la realidad de los convenios. 40 hs - 8h = 32 horas a la semana. = 4 días de prestación.
Realizando la cuenta correcta estaríamos más cerca de lo esperado de la jornada necesaria para tener 4 días de trabajo al mismo salario, aunque el problema radica en que la distancia que sigue existiendo hasta alcanzarlo es enorme, ya que para trabajar 32 horas semanales (1.536 horas año) habría que prestar servicios 192 días al año, en lugar de los actuales 224 días año). 32 días menos al año de trabajo …
Desde la óptica empresarial y sindical, esa diferencia de días sin cobertura en la empresa podría ser cubierta por contratos de tiempo parcial, ya que en este caso el fijo discontinuo no puede operar por tener tres días de prestación y no un período claramente definido y acumulado que es lo que siempre pedimos los sindicatos en cualquier negociación.
Realizando la cuenta correcta estaríamos más cerca de lo esperado de la jornada necesaria para tener 4 días de trabajo al mismo salario
En este punto la teoría también hace aguas, ya que el contrato a tiempo parcial es de mayor rotación y con aspiraciones a tiempo completo, y por tanto es plantilla de menor experiencia. Tener dos grupos de trabajadores claramente definidos: Grupo A - tiempo completo, 4 días de prestación y mucha experiencia. Grupo B - tiempo parcial - menor experiencia, nos llevaría a una plantilla imposible de gestionar, donde no se mezclarían ni valores ni mochila de experiencia.
APOYO INSTITUCIONAL. AYUDAS A EMPRESAS PARA SU IMPLEMENTACIÓN
En definitiva, debemos de salir del análisis teórico de la idea y hablar tan solo de lo que se ha hecho, ciñéndonos a lo legislado tanto a nivel estatal como a nivel comunidad Valenciana.
El Ejecutivo, mediante el Ministerio de Industria Comercio y Turismo, ha destinado un presupuesto total de 9,65 millones de euros que se repartirá entre pymes de hasta 250 trabajadores, pequeñas y medianas empresas dedicadas a la actividad industrial. Sin embargo, para acceder a estas ayudas es necesario cumplir una serie de requisitos.
¿Cuáles son los requisitos para optar a esta ayuda?

Para comenzar, hay que tener en cuenta que las compañías que podrán optar a formar parte de las ayudas asociadas a este proyecto son aquellas con un máximo de 249 empleados. Han de estar legalmente constituidas en España y únicamente podrán hacerlo las que desarrollen una actividad industrial. Las ayudas percibidas irán destinadas a financiar proyectos piloto cuya finalidad sea incrementar la productividad, y una de las medidas será la reducción de la jornada laboral.
Las empresas que estén interesadas han de recortar el cómputo semanal de horas laborales, como mínimo, un 10%, teniendo que mantener esa jornada laboral de cuatro días durante dos años sin que suponga una disminución salarial.
Esta medida afectará únicamente a empleados con contrato indefinido a tiempo completo.
Por otro lado, se financiarán parcialmente los costes salariales de cada empresa derivados de los trabajadores que reduzcan su jornada durante el primer año hasta un máximo de 150.000 euros, la formación, y el coste de las medidas organizativas para implementar el piloto.
- • En empresas de hasta 10 personas se cubrirá el 90% del gasto de personal.
- • En empresas de entre 11 y 52 personas se sufragará el 80%.
- • En empresas de entre 53 y 249 personas se subvencionará el 75%.
Dado que es un proyecto experimental se ha decidido restringirlo al sector industrial «para conseguir una suficiente representatividad estadística que permita obtener conclusiones basadas en datos que puedan posteriormente conducir a ampliar el piloto al resto de la economía».
Asimismo, la propuesta del número de trabajadores participantes en esta modalidad debe afectar como mínimo a un porcentaje de la plantilla según el tamaño: las empresas de hasta 20 empleados deberán incorporar al menos el 30% de las personas trabajadoras, mientras que en los equipos de entre 21 y 249 trabajadores se deberá abarcar en torno al 25% de la plantilla.
Valencia es la primera comunidad autónoma en poner en marcha la jornada laboral de 32 horas. La ciudad ha empezado este proyecto piloto, cuya experiencia evaluará el centro de innovación las Naves. Los resultados estarán disponibles alrededor del 15 de julio y se enviarán a los responsables de trabajo del Gobierno y de la Generalitat.
La productividad se debe lograr con felicidad en el trabajo que se consigue mediante mejores salarios, lugares de trabajo agradables, desarrollo personal, y un entorno libre de malas prácticas
Por tanto, y ciñéndonos a lo acontecido hasta ahora, podemos decir que desconocemos si esta jornada es posible, y como en muchas ocasiones, se ha lanzado «el marketing político» sin analizar todas las cuestiones en profundidad. Además, para que no sea un fracaso se ha puesto en marcha un sistema de subvenciones para empresas de menos de 250 trabajadores/as de tal forma que, con un ahorro de costes laborales, sí me anime como empresario a implantarlo. Incluso se ha limitado al sector industrial a fin de evitar el previsible fracaso absoluto en sectores de mayor prestación como el sector servicios (fundamental en España).
¿UN ÉXITO EN EUROPA?
La respuesta a esta pregunta sigue siendo muy poco homogénea, ya que las formas de ponerlo en marcha han sido muy diversas, y como decíamos, la legislación y el entorno son muy distintos.
Islandia realizó una prueba con 2.500 personas trabajadoras, reduciendo la jornada de 40 a 35 horas sin pérdida de salario, pero todos ellos/as funcionarios.
Por su parte, en Suecia, se probó en 2015 una semana laboral de cuatro días con salario igual, con resultados dispares. Incluso los partidos de izquierdas pensaron que sería demasiado caro aplicarlo a gran escala. Pero algunas empresas optaron por mantener la jornada reducida para sus trabajadores.

Bélgica ha optado por poner en marcha el derecho a trabajar 4 en lugar de 5 días, pero en este caso sin reducir jornada, por tanto, tan solo es una redistribución de la misma. En este país la perspectiva de una semana laboral de cuatro días no es atractiva para todos. Algunos empleados a tiempo completo tendrán, en efecto, jornadas muy largas si optan por condensar su horario, y otros, como los trabajadores por turnos, simplemente no tendrán la opción de esa flexibilidad.
Unas 61 empresas británicas y más de 3.300 empleados se inscribieron en el programa, dirigido por investigadores de las Universidades de Cambridge y Oxford y del Boston College. Este programa se ha calificado como un éxito, sin embargo se ha puesto como condición el mantenimiento del 100% de la productividad. Este requisito se antoja imposible de medir en nuestro sistema de negociación colectiva.
Por último, en Alemania están existiendo presiones sindicales para implantar la jornada semanal de 4 días, cuestión ésta que me parece más factible de implementar, ya que Alemania tiene la jornada laboral más corta de Europa con 32,4 horas de media semanal.
PRODUCTIVIDAD VS PRESENCIALIDAD
Desde mi punto de vista, realmente estamos analizando si en España somos o no productivos, si somos capaces de evitar la presencialidad sin bajar implicación, y si es posible repartir más puestos de trabajo rebajando la prestación de los ya existentes.
Para conseguir estos fines las soluciones no son las propuestas, y los stakeholders no son los adecuados para conseguirlo.
La productividad se debe lograr con felicidad en el trabajo que se consigue mediante mejores salarios, lugares de trabajo agradables y que provoquen compromiso, desarrollo personal, y un entorno libre de malas prácticas, evitar la parcialidad o estacionalidad no deseada. En este territorio es donde sube la productividad.
Los stakeholders son el total de empresas y de sindicatos, dejando hacer a la negociación colectiva, de tal forma que en cada convenio sectorial se vaya implementando una deseada rebaja de jornada acorde a cada sector, donde apliquemos la medida más positiva de lo puesto en marcha por la administración que es subvencionar a los sectores o convenios colectivos que lo implementen. Es decir, cuando la voluntad de patronal y sindicatos sea esa rebaja de tiempo de jornada o de días de prestación, las empresas se puedan beneficiar de un ahorro de costes que nos permitirá a los negociadores una mayor consecución de la medida.
Concluyendo por tanto que una buena idea, sin enfocar y analizar de forma exhaustiva tan solo se convierte en un slogan que confunde a las personas trabajadoras y que nos hace sentir infelices, alejando así la tan ansiada productividad de nuestro comportamiento laboral.