
Pregunta (P).- En un momento marcado por la IA publica Autoliderazgo, donde invita al lector a participar en un viaje por la historia para liderarse a sí mismo. Si no nos sumamos a la travesía que propone, ¿corremos el riesgo de vivir en piloto automático, guiados por sugerencias invisibles en lugar de por elecciones conscientes?
Respuesta (R).- Ya vivimos el 95% de nuestro tiempo en piloto automático porque de las 70.000 decisiones que tomamos al cabo del día, solo una de cada veinte es consciente. Con la IA, que ofrece muchas ventajas, corremos el riesgo de que liderarnos a nosotros mismos sea casi imposible. Efectivamente, Autoliderazgo es un viaje a través de la historia, por los cinco continentes, para descubrir y asumir seis conceptos poderosos en nuestro beneficio.
P.- Uno de ellos es el de eudaimonía, un concepto aristotélico que hace referencia a la realización personal a través de la virtud y la contemplación. ¿Qué significa para usted un concepto tan huidizo y mutante como la felicidad?
R.- Hago mío, y me gustaría que los lectores hicieran lo mismo, el concepto de felicidad de Aristóteles como experiencia global de placer y significado. Somos felices en los momentos de disfrute y de cumplimiento de nuestro propósito. Es la felicidad la clave del éxito y no al revés. Hemos de diferenciar felicidad subjetiva y objetiva, pública y privada. El maestro Marina, la doctora Lyubomisrky, Tal Ben-Shahar o Laurie Santos han profundizado, en nuestros días, en ese concepto aristotélico que nos resulta tan útil, que es nuestra búsqueda constante.
P.- ¿Qué prácticas diarias podemos integrar para alcanzar la eudaimonía?
La felicidad, la eudaimonía, necesita de prácticas deliberadas, conscientes, que con el tiempo se convierten en hábitos, como la gratitud, el optimismo inteligente, la amabilidad o la fluidez; marcarnos retos e ir a por ellos; saborear las alegrías de la vida, las relaciones sociales, el perdón o la resiliencia; no dar demasiadas vueltas a las cosas; ejercitar cuerpo y mente; practicar los valores y comprometernos con nuestros objetivos. Sí, la felicidad se entrena voluntariamente y depende de nosotros en un 40%.

P.- También habla de historia y linaje, del «Whakapapa», un principio fundamental en la cultura maorí que establece conexiones entre personas, tribus y cuerpos tribales. ¿De qué manera el aprendizaje de tradiciones culturales puede elevar nuestro autoliderazgo?
R.- La «Whakapapa» o el Ubuntu sudafricano, el sentido de comunidad, como una mano es más que cinco dedos, nos recuerdan en esta sociedad tan individualista que somos seres sociales, que la soledad mata tanto como fumar 15 cigarrillos diarios y que se ha convertido en una epidemia social. Nos debemos a los ancestros y hemos de dejar un legado; somos parte de la familia humana y la solidaridad es irrenunciable.
P.- En el libro le dedica una parte de un capítulo a Jacinta Ardern, la ex primera ministra de Nueva Zelanda que se convirtió para muchos en un ejemplo por su forma de enfrentarse a los atentados de Christchurch de 2019 o a la pandemia. ¿Qué valora de su forma de liderar en unos momentos tan complicados?
R.- La ex primera ministra de Nueva Zelanda ya era protagonista de un libro anterior, que escribí con mi hija Zoe, La disrupción del liderazgo femenino, también de LID Editorial. Jacinda Ardern es una de las siete gobernantes, todas mujeres, que mejor gestionó la pandemia. Desgraciadamente, nuestro país está entre los que no lo hicieron. La líder neozelandesa demostró compasión y firmeza, una forma de dirigir cercana, humilde y visible. Es en la «whakapapa» al liderazgo como sus compatriotas, los All Blacks, al mundo del rugby.
P.- ¿Le gustaría que nuestros representantes extrajeran del caso de Ardern alguna enseñanza?
R.- Me gustaría mucho que los gobernantes en general aprendieran de las enseñanzas de Jacinda Ardern, lo que la doctora Rodríguez Escanciano llama «liderazgo femenino abierto», también al alcance de los hombres con empatía y valores, con humildad y espíritu de servicio.
P.- De Nueva Zelanda se va a Japón para hablar del Ikigai o de lo que da sentido a la vida. ¿Cómo el aprendizaje de diferentes tradiciones culturales alrededor del mundo puede enriquecer nuestra comprensión del sentido de la vida?
R.- El sentido de la vida se enriquece, desde la ética, que es universal, a través de lo mejor de las tradiciones cultuales. El «Ikigai» o razón de ser es la combinación de pasión, misión, vocación y profesión. Nos hace vivir más y mejor, como demuestran de Okinawa, uno de los territorios con la población más longeva del mundo. Resulta muy interesante el paralelismo entre el pensamiento estoico, hoy tan de moda, y la mentalidad samurái o el «fuerza y honor» del quijotismo.
P.- Después de este viaje, ¿cuáles son los pasos esenciales para construir un liderazgo auténtico, guiado por la integridad y la honestidad?
R.- Un liderazgo auténtico, desde la integridad y la honestidad, debe partir de liderarnos bien a nosotros mismos. Debemos saber, y practicar, lo que nos hace felices; descubrir e interiorizar nuestra razón de ser; formar comunidad; actuar con generosidad y solidaridad; dejar un legado que trascienda y alcanzar el éxito tal como lo hayamos imaginado. De nosotros depende, y eso es lo que nos enseña este libro, pues está en nuestras manos y es nuestra responsabilidad.
P.- ¿Por qué hay que liderar a otros con credibilidad y autoridad moral?
R.- Sólo cabe liderar desde el ejemplo cotidiano, desde nuestra influencia honesta, desde la credibilidad. Quienes se basan en el cargo, y los ejemplos abundan, para mandar sobre los demás, en la empresa, en la política y en la sociedad, acaban resultando patéticos. Nuestra apuesta vital y personal es por una sociedad de ciudadanos libres e iguales, que ayudan a los demás, que se guían por la ética y no por el maquiavelismo. Creo sinceramente que, para mucha gente, y, especialmente para los centenials y la generación alfa, ha llegado el tiempo del autoliderazgo. No hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado.