
José Manuel Casado González
Socio de 2.C Consulting y presidente del Grupo Qaracter
Coordinador del área de Crecimiento Profesional en Capital Humano

Mi buen amigo Luis Bassat, me contaba en una ocasión que el afamado Antonio Puig, creador de la mundialmente conocida empresa de perfumes Puig, decía que en la vida del ser humano tenía cuatro etapas: aprender a hacer; hacer; enseñar a hacer y dejar de hacer. «Aprender a hacer»: lógicamente es esa etapa que va desde que nacemos hasta que comenzamos a hacer; es decir, a trabajar. «Hacer»: es la siguiente época de nuestra vida en la que nos dedicamos sobre todo a trabajar y que nos ocupa prácticamente desde que nos incorporamos al mercado laboral hasta que lo abandonamos. A continuación, vendría la fase de «enseñar a hacer», es decir; cuando los profesionales ya hemos acumulado suficiente experiencia y que es el mejor momento para enseñar a otros cómo hacer las cosas. Por último, vendría la época de «dejar de hacer»; es decir ese momento en nuestra vida que preferimos no tener demasiadas obligaciones laborales; aunque, está demostrado que los seres humanos necesitamos sentirnos útiles hasta el último día de nuestra vida.
Para refutar mi aserto, permítame que le recuerde la investigación que hizo hace pocos años la AARP (American Association of Retired Persons), con una muestra de unos 50.000 profesionales (trabajadores de conocimiento: ingenieros, consultores, abogados, exdirectivos, etc.) en edad de 55 a 80 años y que habían dejado, no hacía mucho, su trabajo de toda la vida. La cuestión que se les planteó fue la siguiente: «en esta nueva etapa de su vida ¿qué es lo que más le satisface?» Las respuestas principales, y por el siguiente orden de importancia, fueron tres: Utilidad, Trabajo y Compensación. El argumento podríamos resumirlo en: «Sentirme útil; la utilidad la consigo principalmente mediante el trabajo, y que el trabajo sea remunerado con algo; pero que no hace falta que ese «algo» sea excesivo; desde luego, mucho menos que cuando estás en la etapa del «hacer». Evidentemente muchos de ellos no necesitaban el dinero, pero la concepción de utilidad asociada al dinero es muy poderosa en nuestra sociedad.
La verdad es que —también será por la edad— cada vez me reúno con más personas, la mayoría personalidades y profesionales del mundo de los negocios y la empresa, que están en esa franja de edad y que siguen haciendo cosas: muchas cosas. Son los que yo denominaba, en mi anterior contribución en esta revista, como greyhoppers, que en castellano podría traducirse como «esperanzados grises» y que son esos profesionales que superan la edad o están jubiladas, pero que siguen en activo y desean seguir sintiéndose útiles y aportando valor a la sociedad, viajan a lo largo y ancho del mundo y les gusta tener garantizada la protección de su salud, tienen un alto poder adquisitivo, les gusta vivir en las grandes ciudades más que en el campo y suelen pertenecer a algún consejo de administración o advisory board de alguna compañía a la que prestan asesoramiento a tiempo parcial, o colaboran por muy poco con entidades educativas, tipo business school, o hacen lo propio con alguna ONG de forma totalmente desinteresada y aportando todo su expertise y networking.
Otro buen amigo mío, tan relevante, como Jaime Terceiro, compartía conmigo hace poco en una comida que, en una ocasión, José Ángel Sánchez Asiain, le comentaba que, «cuando uno es joven, es difícil saber qué se quiere hacer en el futuro en el mundo del trabajo», pero le añadía con acierto que era «enormemente más complicado saber qué hay que dejar de hacer» cuando llegas a la una determinada edad, como la que la sociedad entiende como de jubilación. Sin embargo, nuestra sociedad, — si bien es cierto, jubila cada vez más tarde, —no aprovecha ese torrente de talento que sale del mercado de trabajo tras su jubilación y que podría seguir aportando su conocimiento, valía y experiencia a la comunidad.
Resulta que este porcentaje de personas es cada vez mayor y el de jóvenes es menor. En 2020 el porcentaje de la población española, igual o mayor de 65 años ya era del 21%. Según la proyección del INE (2022-2035), en 2035 podría haber más de 12,8 millones de personas mayores; un 26,5% del total de una población que alcanzaría unos 48.284.478 habitantes. Durante los próximos años y especialmente a partir de 2030, se registrarían los mayores incrementos, con la llegada a la vejez de las voluminosas cohortes nacidas durante el baby boom.
En esta tribuna, de Crecimiento Profesional de Capital Humano, sostengo que, —a pesar del estigma social del edadismo (discriminación por razones de edad)—; en el período vital del que estamos hablando se puede seguir creciendo personal y profesionalmente, y que hacerlo o no es, sobre todo, cuestión de actitud. Soy de los convencidos de que el talento no tiene edad y de que debemos aprender a meter vida a nuestros años y no años a nuestras vidas.
CONSEJOS PARA SEGUIR CRECIENDO
Sin duda, hay muchos, pero permítanme, que les ponga algún ejemplo como el de Clint Eastwood, Antonio Garrigues o Mario Vargas Llosa.
Comenzaremos con el caso de Clint Eastwood (31 de mayo de 1930) a quien, hace poco tiempo le preguntó el cantante de country, Toby Keith, lo siguiente:
— ¿Qué hace para seguir activo y brillante a esa edad?
El nonagenario protagonista le contestó:
— Cada mañana cuando me levanto: No dejo entrar al viejo.
«Mi secreto-añadió el célebre actor y director de cine — es el mismo desde 1959: mantenerme ocupado. Nunca dejo que el viejo entre en casa. He tenido que sacarlo a rastras, porque el tipo ya estaba cómodamente instalado, dándome el coñazo a todas horas, sin dejarme espacio para otra cosa que no fuera la nostalgia. Hay que mantenerse activo, vivo, feliz, fuerte, capaz. Está en nosotros, en nuestra inteligencia, actitud y mentalidad. Somos jóvenes, con independencia de nuestro DNI. Ese viejo que nos aguarda, apostado y cansado a la orilla del camino para desanimarnos. No dejo entrar al espíritu viejo, al criticón, hostil, envidioso, a ese ser que escudriña en nuestro pasado para anudarnos de quejas y remotas angustias, o de traumas revividos y de olas de dolor.»
Se puede seguir creciendo profesionalmente e ir cumpliendo años puede ser agradable, incluso divertido, si sabemos cómo emplear el tiempo-qué cosas debes dejar de hacer y qué otras seguir haciendo como apuntaba Sánchez Asiain-si estás satisfecho con lo que has conseguido en tu vida y te sigues sintiendo útil.
Esta respuesta del actor inspiró al propio cantante Toby Keith para componer la canción «Don’t Let the Old Man In» (No dejes entrar al viejo), para la película «Mula» y dedicada al legendario actor.
Otro magnífico ejemplo; es el del prestigioso humanista, jurista, y admirado, por quien suscribe esta tribuna, Antonio Garrigues Walker (30 de septiembre de 1934) quien, en el foro de un evento, donde recibía un premio su larga trayectoria profesional, su consejo fue «no te jubiles nunca».
El Sr. Garrigues relataba lo siguiente: «un día escuché que alguien le preguntó a una persona importante y trabajadora, tan mayor como yo, … — pero hombre, ¿Tú cuándo vas a jubilarte?. Y ésta le respondió: —pues yo nunca, eso… es una cosa de viejos. El afamado jurista añadía "el mejor consejo que les puedo dar es: no se jubilen nunca. La condición básica para intentar mantener una cierta vitalidad es muy simple, nunca pensar en jubilarse. Lo peor que te puede pasar es no hacer nada, eso es la muerte, cuando metes a la cabeza la idea de jubilarte porque al parecer será agradable o porque vas a descansar, estás perdido, eso es un horror, los días son inmensamente largos"».
«Hay que estar permanentemente en el tema, aprender siempre algo nuevo, aprender un idioma, tocar guitarra, algo que te coloque en una situación infantil, siempre hay que estar pensando en algo que te obligue a empezar de nuevo. Tendemos a seguir haciendo las cosas que hacemos bien, a repetirlas y a reiterarlas y, eso nos envejece. Tenemos que mantener la sensualidad y la vitalidad.»
Algo parecido nos daba a entender recientemente el famoso escritor peruano, Mario Vargas Llosa (28 de marzo de 1936) en la revista La Lectura no 53, del 3 de febrero de 2023, del diario El Mundo, —próximo a entrar a formar parte de la Académie Française, a la edad de 86 años, — quien sostenía que «a la edad hay que combatirla. Hay que tratar de seguir escribiendo hasta el final. Lo ideal es morirse con una pluma en la mano».
En fin, las cosas han cambiado muchísimo. Siempre se ha pensado en la jubilación como un premio por haber trabajado mucho y había llegado la hora de descansar. Había gente que se jubilaba antes de los 50 y no se cansó de descansar hasta que falleció. Ahora la ciencia ha avanzado mucho y después de los 50 puede que nos queden otros 50 para seguir creciendo personal y profesionalmente.
Como hemos visto en los ejemplos anteriores, que nos mantengamos entusiasmados, sanos, fuertes, capaces, etc., depende solamente de nosotros, de nuestra actitud, mentalidad y de nuestros hábitos diarios. No debemos dejar que la «fecha de fabricación» condicione las ganas por la vida y la ilusión, y como dice la canción de Toby Keith «Pregúntate a ti mismo, ¿Cuántos años tendrías si no supieras el día en que naciste?»